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Última actualización: 06/05/2025
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Entrada 6 - Volumen 11 - Tomo II
Dayana Giraldo
Colombia
Soy arquitecta, diseñadora y artista colombiana, aunque prefiero definirme como una exploradora del habitar humano. Mi trabajo nace de una pregunta que ha acompañado todo mi recorrido: ¿cómo pueden los espacios sanar, expandir y transformar la vida de las personas?
Mi camino comenzó desde el arte. Durante la secundaria estudié artes plásticas y más adelante me adentré en el diseño gráfico, el muralismo y la arquitectura. Me formé como arquitecta en la Universidad Antonio Nariño, pero desde muy temprano sentí que la arquitectura tradicional no respondía a las necesidades profundas del ser humano ni a su relación con la naturaleza.
Esa inquietud me llevó a descubrir la bioarquitectura dentro de una ecoaldea cercana a Villa de Leyva. Allí comprendí que construir también podía significar regenerar, cuidar y conectar. Participé en procesos de bioconstrucción, levantando domos geodésicos, yurtas, zomes y otras estructuras alternativas mientras exploraba nuevas formas de habitar el territorio.
Después recorrí Colombia en motocicleta visitando ecoaldeas, comunidades autónomas y proyectos regenerativos. Esos viajes ampliaron mi manera de entender la arquitectura y fortalecieron una visión que integra naturaleza, arte, geometría sagrada, percepción sensorial y bienestar emocional.
También participé en festivales culturales independientes como Burning Man Colombia y colaboré en el diseño de proyectos turísticos y glampings enfocados en crear experiencias inmersivas en diálogo con el paisaje.
Hace algunos años migré a Estados Unidos, experiencia que amplió aún más mi mirada sobre las ciudades contemporáneas. Allí confirmé que muchas de ellas fueron diseñadas bajo lógicas de productividad y consumo, dejando de lado la dimensión emocional y simbólica de los espacios.
Hoy entiendo la arquitectura como una herramienta capaz de generar conciencia, bienestar y transformación colectiva.

Para mí, la bioarquitectura va mucho más allá de construir con materiales ecológicos.
Es una forma distinta de comprender la relación entre el ser humano, la naturaleza y el territorio.
Durante décadas diseñamos ciudades desconectadas de los ciclos naturales, priorizando la productividad sobre el bienestar. El resultado está a la vista: ansiedad colectiva, contaminación, aislamiento social y una enorme dependencia de sistemas externos para satisfacer nuestras necesidades básicas.
Creo que los territorios del futuro deberían comportarse como organismos vivos.
La vivienda no tendría que limitarse a ser un refugio, sino convertirse en un espacio capaz de producir alimentos, recolectar agua, aprovechar la energía natural, regenerar los suelos y fortalecer las relaciones entre las personas.
Cuando un lugar incorpora biodiversidad, materiales nobles, vegetación, buena iluminación y espacios de encuentro, también transforma la manera en que sentimos, pensamos y convivimos.
Por eso hablo de una arquitectura para el alma.
Durante mucho tiempo el diseño urbano estuvo orientado a sostener economías de consumo permanente.
Pienso que es posible cambiar esa lógica.
La bioarquitectura permite imaginar viviendas y comunidades que generen autonomía mediante huertas compartidas, sistemas de captación de agua lluvia, energías renovables, compostaje, reutilización de materiales y espacios para fabricar, reparar e intercambiar conocimientos.
La economía circular comienza desde el diseño mismo del territorio.
No se trata únicamente de reducir residuos, sino de crear comunidades donde las personas puedan colaborar, compartir herramientas, cultivar alimentos y fortalecer redes de apoyo mutuo.
En ese proceso, el arte ocupa un lugar esencial porque construye identidad, creatividad y sentido de pertenencia.
Uno de los mayores problemas de las ciudades contemporáneas no es únicamente la contaminación.
También es la soledad.
Muchos barrios fueron diseñados para el aislamiento, con muy pocos espacios que favorezcan el encuentro cotidiano entre vecinos.
Desde la permacultura considero que regenerar un territorio implica regenerar también las relaciones humanas.
Por eso imagino barrios con jardines comunitarios, cocinas compartidas, talleres colaborativos, espacios culturales y lugares donde diferentes generaciones puedan encontrarse para aprender unas de otras.
Cuando fortalecemos esos vínculos, también fortalecemos la resiliencia de las comunidades.
He comprobado que un espacio bien diseñado puede convertirse en el punto de partida para reconstruir comunidades fragmentadas.
Centros culturales, jardines colectivos, espacios para el muralismo, la música o la danza pueden reactivar el sentido de pertenencia y devolver identidad a territorios marcados por el abandono.
La naturaleza también desempeña un papel fundamental.
El diseño biofílico demuestra que la presencia de vegetación, agua, luz natural y materiales orgánicos influye directamente en el bienestar emocional y en la calidad de nuestras relaciones.
Diseñar espacios también significa diseñar posibilidades para encontrarnos.

Si tuviera que acompañar a una comunidad hacia la autosuficiencia, comenzaría recuperando conocimientos que durante mucho tiempo hemos relegado.
Aprender a cultivar alimentos, comprender los ciclos del agua, construir con materiales locales, cuidar los ecosistemas y fortalecer la cooperación son habilidades tan importantes como cualquier innovación tecnológica.
Solo después incorporaría tecnologías capaces de optimizar recursos sin reemplazar la dimensión humana.
Creo que el futuro necesita comunidades donde el arte, la creatividad, la educación y la naturaleza formen parte del aprendizaje cotidiano.
No imagino el futuro como una carrera por construir ciudades cada vez más inteligentes.
Imagino territorios más sensibles.
Espacios donde tecnología y naturaleza colaboren en lugar de competir.
Comunidades capaces de producir bienestar colectivo, fortalecer vínculos humanos y recuperar nuestra conexión con la Tierra.
Estoy convencida de que el verdadero avance de la arquitectura no consistirá únicamente en levantar mejores edificios.
Consistirá en diseñar lugares que nos ayuden a vivir mejor, juntos.
Sigue a Dayana Giraldo en:
📸 Instagram: @ladelosdomos
📸 Instagram: @bioarquitecturaexperimental
📧 Correo: [email protected]
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