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El Flautista
Cuando el ARTE se vuelve Guía
Inspirado en la Historia y Reimaginado desde la realidad, hoy es Símbolo, Proceso y Celebración.
Conoce una Filosofía en MARCHA.

¿Qué es El Flautista?
El Flautista es un Programa de Educación Alternativa que combina Investigación, Creación y Movilización Artística.
Cada edición empieza identificando talentos en el territorio, sigue con procesos formativos y termina en una gran comparsa multicultural por las calles de la ciudad.
Aquí, el arte no entretiene: Educa, Conmueve y Construye Comunidad.

Nació como respuesta a la desorientación urbana, a la falta de espacios y referentes culturales.
Busca recuperar la Palabra, el Cuerpo y la Música como Herramientas de Construcción Social.
Activa el Pensamiento Crítico, reduce vulnerabilidades y transforma hábitos desde el arte.
Conecta Juventudes, Artistas, Instituciones y Barrios a través de una celebración con contenido.

Dedica unos minutos para conocer lo que hacemos y por qué creemos en la PALABRA como herramienta para
cambiar las cosas.

Investigación Previa: se identifican Líderes Culturales, nichos artísticos y oportunidades.


Creación Colectiva: se construyen propuestas desde la Filosofía y la Estética.

Comparsa Final: una GRAN Marcha Artística activa espacios públicos, invita, sacude y siembra.
Porque el pensamiento también se ensaya, se baila y se grita.

Valentina Rojas Méndez
Fotógrafa documental y gestora cultural - Manizales, Colombia
Mi trabajo gira alrededor de las historias que muchas veces pasan desapercibidas: las de las comunidades rurales, las mujeres, los trabajadores y las personas que mantienen vivas las tradiciones de sus territorios. Soy Valentina Rojas Méndez, tengo 32 años, nací en Manizales, Caldas, y me dedico a la fotografía documental y la gestión cultural.
Crecí en una familia donde la creatividad siempre estuvo presente, aunque no necesariamente relacionada con el arte. Mi mamá era profesora de primaria y mi papá trabajaba en el sector agrícola. De ellos aprendí dos cosas que hoy considero fundamentales: la curiosidad por conocer el mundo y el respeto por las historias de las personas.
Durante mi infancia pasaba mucho tiempo en el campo, visitando a mis abuelos. Me llamaba especialmente la atención observar cómo las personas mayores contaban sus historias, recordaban los lugares que habían cambiado y conservaban fotografías antiguas como pequeños tesoros familiares. Creo que ahí comenzó mi interés por la memoria y las imágenes, aunque todavía no sabía que terminaría dedicándome a la fotografía.
A los 18 años me trasladé a Bogotá para estudiar. Fue una etapa de muchos cambios: tuve que enfrentarme a una ciudad completamente diferente y aprender a construir mi propio camino. También entendí que quería hacer algo que tuviera sentido para mí, más allá de conseguir un empleo o desarrollar una carrera convencional. Hoy me considero una persona inquieta, observadora y profundamente interesada en las relaciones humanas.
Mi principal talento es la fotografía, especialmente la documental y el retrato. Me interesa fotografiar a las personas desde su cotidianidad, sin intentar construir personajes artificiales ni mostrar una realidad exagerada. Con el tiempo también he desarrollado habilidades en otras disciplinas que me permiten explorar diferentes maneras de contar historias.
Entre ellas están la escritura, la investigación y la producción audiovisual. He descubierto que estas disciplinas no compiten entre sí, sino que se complementan. Cuando comienzo un proyecto fotográfico, generalmente primero investigo, converso con las personas y trato de comprender su contexto. Después viene el proceso de fotografiar, seleccionar las imágenes y construir una narrativa que permita al espectador entender algo más de lo que aparece en una fotografía.
La gestión cultural también se ha convertido en una parte importante de mi trabajo. Me interesa crear espacios donde otros artistas y comunidades puedan compartir sus experiencias. En mi vida personal intento mantener esa misma sensibilidad: me gusta caminar, leer, viajar sin demasiada planificación y conocer personas.
Creo que uno de los mayores riesgos de dedicarse al arte es terminar observando el mundo únicamente desde la profesión. Para mí es importante seguir siendo una persona que se sorprende con las cosas pequeñas.
Estudié Artes Visuales en la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Durante la carrera tuve la oportunidad de acercarme a diferentes lenguajes artísticos, pero la fotografía fue la disciplina que más me permitió conectar con mis inquietudes personales.
Uno de los momentos más importantes de mi formación ocurrió durante un proyecto universitario en el que viajamos a una comunidad campesina de Cundinamarca. El objetivo inicial era documentar sus actividades económicas, pero terminé interesándome mucho más por las historias familiares, los recuerdos y la relación de las personas con su territorio. Allí comprendí que fotografiar no consiste únicamente en tener una buena cámara o dominar la técnica. También implica saber escuchar, generar confianza y reconocer que uno está entrando en la vida de otras personas.
Después de graduarme continué mi formación a través de talleres y procesos de aprendizaje en diferentes áreas:
Sin embargo, considero que mi mayor escuela han sido los viajes y las conversaciones con las personas que he conocido durante estos años. Esas experiencias me han permitido comprender aspectos de la fotografía que van mucho más allá de la formación académica.
Hay un reconocimiento que valoro especialmente: cuando una persona fotografiada me escribe meses después para contarme que se sintió representada de una manera digna y respetuosa. Para mí, eso significa que el trabajo está cumpliendo su propósito. Más allá de los premios, el respeto por las personas que fotografío sigue siendo una de mis mayores prioridades.
A lo largo de mi trayectoria también he tenido la oportunidad de recibir algunos reconocimientos importantes para continuar desarrollando mi trabajo:
También he participado en publicaciones colectivas y proyectos editoriales independientes. Cada una de estas experiencias ha sido importante para dar continuidad a mis investigaciones y compartir mi trabajo en diferentes espacios.
Aun así, el reconocimiento que recibo directamente de las personas cuyas historias documento tiene un significado particular. Saber que alguien se reconoce en una fotografía y siente que su historia fue tratada con dignidad es una de las razones por las que continúo haciendo este trabajo.
Uno de los momentos más significativos de mi trayectoria fue presentar una exposición en Manizales, mi ciudad natal. Mi familia estuvo presente y algunas de las fotografías retrataban lugares que habían formado parte de mi infancia. Fue una experiencia muy emocional porque sentí que, de alguna manera, estaba devolviendo a mi ciudad una parte de todo lo que me había dado.
También he participado en diferentes exposiciones, encuentros de fotografía y espacios culturales en Colombia:
Durante el encuentro en Cali me interesó especialmente escuchar las experiencias de artistas que trabajan con comunidades afrodescendientes e indígenas. Estos intercambios me han permitido conocer otras maneras de acercarse a las comunidades y comprender cómo diferentes artistas utilizan la imagen para abordar sus realidades.
Cada escenario me ha enseñado algo diferente, pero todos han reafirmado mi interés por construir proyectos que puedan dialogar con públicos diversos. Para mí, compartir el trabajo también significa abrir espacios de conversación y aprendizaje.
Una de las reflexiones que más ha influido en mi manera de trabajar surgió durante un taller en Bogotá. Tuve la oportunidad de conversar con un fotógrafo documental colombiano que me dijo algo que todavía recuerdo: antes de preguntarme qué fotografía quería hacer, debía preguntarme por qué necesitaba hacerla. Esa conversación cambió mi manera de abordar los proyectos.
Mis principales referentes han sido fotógrafos que han entendido la imagen como una herramienta para explorar la condición humana y los procesos sociales. Admiro profundamente el trabajo de Jesús Abad Colorado, especialmente su manera de documentar el conflicto armado colombiano sin perder de vista la dignidad de las personas que aparecen en sus fotografías.
También me ha influido mucho la obra de la fotógrafa brasileña Claudia Andujar, por su trabajo con comunidades indígenas y su compromiso con la defensa del territorio. Además, he participado en conversatorios y encuentros donde he podido escuchar a fotógrafos, curadores e investigadores que admiro.
Creo que conocer a personas con trayectorias importantes permite entender que detrás de cada obra hay años de investigación, dudas, errores y decisiones difíciles. Estas experiencias también me han ayudado a comprender que el reconocimiento no debería ser el único objetivo de una carrera artística.
Creo que la fotografía puede contribuir a la construcción de paz cuando permite que las personas cuenten sus propias historias y sean reconocidas más allá de los estereotipos. En Colombia existen comunidades que durante décadas han sido representadas únicamente desde la violencia, la pobreza o el abandono estatal. Mi intención es desarrollar proyectos que también muestren sus conocimientos, sus formas de organización, sus tradiciones y sus capacidades para construir futuro.
En algunos de mis proyectos he trabajado con mujeres rurales que lideran iniciativas de agricultura sostenible y procesos comunitarios. Documentar estas experiencias permite visibilizar formas de vida que muchas veces no tienen suficiente espacio en los medios de comunicación. Me interesa que las imágenes ayuden a reconocer las capacidades y los conocimientos que existen en estos territorios.
También procuro que mi trabajo tenga una relación respetuosa con el medioambiente. Intento incorporar prácticas responsables en mis procesos:
Pero, sobre todo, considero que mi aporte está en escuchar. No creo que el arte tenga que ofrecer respuestas definitivas a todos los problemas sociales, pero sí puede abrir conversaciones, generar empatía y ayudarnos a reconocer realidades distintas a las nuestras.
Actualmente estoy trabajando en El mapa de las ausencias, una investigación fotográfica y audiovisual sobre las transformaciones de pequeños municipios colombianos a partir de la migración de sus habitantes. Estoy visitando diferentes territorios, conversando con familias y recopilando fotografías antiguas, cartas y archivos personales. Me interesa explorar cómo cambia la identidad de una comunidad cuando muchas de las personas que la construyeron deben marcharse en busca de nuevas oportunidades.
Mi intención es convertir este proyecto en una exposición itinerante y una publicación editorial que reúna fotografías contemporáneas, archivos familiares y testimonios escritos. Al mismo tiempo, estoy desarrollando talleres de fotografía participativa para jóvenes de comunidades rurales. Quiero que puedan utilizar herramientas visuales para narrar sus propias experiencias y construir sus propios archivos de memoria.
También tengo varios propósitos para el futuro:
No tengo una idea completamente definida de cómo será mi carrera dentro de diez años, pero sí tengo claro algo: quiero seguir contando historias, aprendiendo de otras personas y construyendo proyectos que tengan un impacto más allá de mi propia trayectoria.
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