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Shameel Thahir Silva: hacer política más allá de lo electoral: democratizar el poder desde lo cotidiano

Hacer política más allá de lo electoral: democratizar el poder desde lo cotidiano

February 06, 20266 min read

Entrada 8 - Volumen 11

Shameel Thahir Silva

Soy Shameel Thahir Silva, politólogo y docente de la Universidad Nacional de Colombia. Me gusta hablar de política y hacer política. Creo que uno de mis principales talentos es la capacidad de analizar el poder y proponer maneras de democratizarlo. De una u otra forma, también considero que soy bueno conectando con la gente y escuchándola, y eso es lo que me ha permitido pensar que mi camino es la política.

En mi opinión, la vida me llevó a este camino más que cualquier otra cosa. No es algo que haya buscado de manera deliberada, aunque también tiene que ver con mi formación y con la familia en la que crecí, donde siempre se me repitió que quien no vive para servir, no sirve para vivir.

Ídolos que haya conocido, la verdad, no creo que haya conocido ninguno, principalmente porque están muertos.

Política + IA

Concursos, ninguno. Escenarios, quizá los mediáticos. La experiencia ha sido agridulce: necesaria, porque creo que es importante disputar en esos espacios el sentido común de la sociedad, pero también dura, porque cada aparición en medios viene acompañada de mucho odio, especialmente en redes sociales.

Actualmente estoy dedicado a la asesoría en el Concejo de Bogotá. Busco ser más consistente con los contenidos que publico en redes sociales y espero seguir en ese camino para, en un futuro, aspirar a un cargo de representación popular.

Técnicamente, mi cargo se denomina profesional universitario. Es un puesto técnico de apoyo a la concejala Donka Atanassova, en todo el proceso de control político y producción normativa, como parte del Pacto Histórico, bancada de oposición en un Concejo mayoritariamente progobierno de Galán.

En las últimas elecciones acompañé la candidatura a la Cámara por Bogotá de Guayra Puka, lideresa social de San Cristóbal. Obtuvo 4.823 votos, lo cual, para una primera experiencia electoral, fue un muy buen resultado. Quedó en el puesto 18 del tarjetón del Pacto Histórico para las elecciones del 8 de marzo.


1. Parece ser que estamos sometidos a las voluntades de los poderosos en cuanto al cambio climático, la seguridad alimentaria, la biodiversidad planetaria y ahora el uso inadecuado de las IAs para la dominación ciudadana. Además de votar o denunciar malas prácticas, ¿qué otras herramientas tiene la población civil para salvaguardarse?

Qué pregunta tan densa. A mí la definición que más me gusta de hacer política es que es el arte de hacer posible lo que la mayoría consideramos justo.

Eso implica muchas cosas, pero también entender que la política no se reduce a lo electoral. Lo electoral es importante en las democracias liberales porque permite que lleguen personas representando intereses populares, pero también corporativos, sociales e incluso individuales.

La política también es organización comunitaria, movilización popular, construcción de autonomía y creación de poderes populares más allá del Estado. Ahí es donde creo que está la clave.

Por ejemplo, ¿cómo enfrentamos el problema de la seguridad alimentaria? Cuando un barrio se organiza para sembrar alimentos y hacer compostaje, enfrenta la inseguridad alimentaria, construye soberanía y promueve biodiversidad. Con una acción aparentemente simple, también se crean hábitats que mitigan los efectos del cambio climático en centros urbanos.

Lo mismo ocurre cuando ingenieros se reúnen para crear herramientas de inteligencia artificial con control democrático, más allá del uso corporativo. A eso me refiero con hacer política más allá de lo electoral: una herramienta para cuidarnos, protegernos y pensar nuevos mundos.


2. ¿Qué rol debe interpretar el sistema judicial en todo esto?

El sistema judicial, como toda institución del Estado, debería estar en constante discusión democrática y pública.

Es una conversación compleja porque toca los límites de la democracia liberal y principios aparentemente inamovibles como la separación de poderes y la autonomía de las ramas del Estado.

El Estado, dentro de ese modelo, es susceptible de captura por intereses privados, y eso también ocurre en el sistema judicial.

En ese orden de ideas, creo que un sistema judicial democrático debería fallar en favor de los intereses de las mayorías, sin violar los derechos de minorías débiles, pobres o en situación de inferioridad.

Esa ecuación es compleja —como buscar la cumba al palo—, pero debemos avanzar entendiendo esos dilemas.


Política + IA

3. ¿Cómo pueden las ciudadanías del mundo auditar y vigilar los valores y la bioética insertados en los códigos de las IAs?

En algún momento me interesó mucho el movimiento de software libre; me parecía una lógica muy valiosa de organización. Muchas de las tecnologías que hoy dominan nuestras vidas nacieron ahí, aunque luego se corporativizaron.

Creo que esa lógica del software libre debería trasladarse a las inteligencias artificiales. El control democrático de estas herramientas —que están moldeando nuestra forma de entender y relacionarnos con el mundo— es fundamental.

Más allá de entidades específicas, lo que necesitamos es fortalecer los procesos democráticos. Y fortalecerlos no es solo votar, sino abrir nuevas posibilidades de conversación y participación.

Siempre lo he dicho: ¿por qué desde partidos progresistas no fortalecemos aplicaciones que permitan a la gente participar desde su celular en la conversación pública, de manera abierta, pero con algoritmos que ordenen esa participación?


4. ¿Debe este asunto abordarse desde lo político, la bioética o el derecho internacional?

Desde todas las aristas. Para mí, la discusión política es la discusión sobre el poder, y el poder tiene expresiones ideológicas, biológicas, éticas y jurídicas.

Abordarlo desde todas esas dimensiones permite una comprensión mucho más completa.

Si miramos el derecho internacional, hoy no funciona. No hay gobernanza mundial real, porque los fuertes hacen lo que quieren y los débiles lo que deben.

Construir una gobernanza mundial es posible —tenemos tecnología y comunicaciones—, pero seguimos atrapados en una lógica del siglo XVII y XVIII, muy del pacto de Westfalia.

A veces la ciencia ficción ayuda a imaginar estos escenarios: cuando hay una invasión extraterrestre, los gobiernos del mundo olvidan sus conflictos y cooperan porque un enemigo externo los unifica como especie.

Ojalá no tengamos que esperar una invasión extraterrestre para llegar a ese punto.


5. Si entendemos que los cambios deben realizarse deconstruyendo modelos preestablecidos, ¿cuál es la hoja de ruta para el desarrollo sostenible?

Siguiendo la misma línea, creo que parte de la ruta es entender lo que no queremos.

Por ejemplo, yo soy anticapitalista, antirracista, y peleo todo el tiempo con el patriarcado y con mi propio machismo. Eso implica identificar con claridad los problemas que tienen el capitalismo, el racismo y el patriarcado.

No significa que tenga una respuesta completamente elaborada sobre qué los superará. Lo que sí tengo claro —por principio, intuición y moral— es en qué lógicas no debo dejarme meter, aunque eso sea difícil.

Parte de la ruta es esa: tener claridad sobre lo que rechazamos. Desde ahí, se empieza a abrir camino.

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