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Última actualización: 06/05/2025

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Germán Camargo: Una reflexión sobre la naturaleza

Una Reflexión sobre lo que realmente decimos al decir "NATURALEZA".

August 19, 20255 min read

Germán Camargo Ponce de León

Soy biólogo. Tremendamente biólogo. Quiero decir, que mi pensar, mi sentir, mi vivir, están profundamente moldeados por la fascinación con lo viviente y por el método de las ciencias naturales. Construyo constantemente clasificaciones. Busco patrones. Veo todo bajo una óptica orgánica: las formas que se crean y recrean a sí mismas en infinitos fractales.

Veo cualquier evento como momento de una evolución. Y dentro de la biología soy ecólogo

Y como ecólogo, consciente e inconscientemente busco relaciones que tejan y entretejan todo.

Cada norma, dogma, autoridad y consenso me parecen sospechosos, pues desconocen variables y niegan las relaciones, la multiplicidad y el cambio que veo en todas partes en la naturaleza.

Por eso no puedo creer en verdades únicas y estáticas.

Por eso me dediqué a la aplicación de la ecología, la teoría del caos y los sistemas complejos, en aquellas realidades que las autoridades establecidas decían que no podían abordarse.

He sido pionero en el estudio ecológico de las ciudades, yendo desde la investigación de modelos ecológicos para predecir el crecimiento urbano hasta la formulación de planes y normas que hoy se usan en Colombia y en varias de sus ciudades.

He oído que el ser humano es una abominación condenada a la depredación y la autodestrucción.

Y dediqué mi vida a desarrollar el campo de la restauración ecológica en Colombia con la participación de las comunidades rurales y urbanas, con proyectos demostrativos, manuales y normas para reconstruir nuestra relación con la naturaleza.

Germán Camargo: La verdadera Naturaleza

He visto lo ambiental convertirse en una religión de oscuros fanatismos y dogmas violentos, y alejarse más y más de los conceptos de la ecología.

Y me dediqué a estudiar la evolución de los mitos, los imaginarios y los discursos sobre la naturaleza.

Y de eso te quiero contar.

Imaginarios y mitos de naturaleza en los discursos ambientales

Con treinta años dedicados a la investigación y la divulgación en temas ecológicos de mucha urgencia y visibilidad, la gente crea una imagen pública de uno basada en sus propios fantasmas y estereotipos.

Con frecuencia he llegado a conclusiones y propuestas muy impopulares, y en contravía con mi fantasma.

Como libre pensador, me he encontrado entonces con el inexorable juicio moral de las masas enardecidas, como ocurre siempre que defraudas las expectativas que los demás se hacen sin conocerte ni consultarte.

Debatimos lo ambiental desde posiciones estereotipadas e irracionales.

Proyectamos en lo ambiental conflictos de toda índole: con la figura paterna decepcionante; con el Estado corrupto e incompetente; con las élites socioeconómicas abusivas e indolentes; con nuestra sexualidad reprimida; con los cambios abrumadores y nuestro afán de un control imposible de la realidad; con la necesidad de una identidad prefabricada y desechable que adhiere a baratijas ideológicas y linchamientos mediáticos.

He visto lo ambiental convertirse en una religión de oscuros fanatismos y dogmas violentos y alejarse más y más de los conceptos de la ecología. Y me dediqué a estudiar la evolución de los mitos, los imaginarios y los discursos sobre la naturaleza.

Repetimos fórmulas ambientales con rigor dogmático y rigidez litúrgica, sin crítica ni creatividad.

Repetimos términos como sostenible, biodiversidad, cambio climático, cuyo origen, contenido y consecuencias desconocemos, pero que esperamos que santifiquen y enderecen la realidad que no entendemos.

Desde unas vidas desconectadas en lo sensorial, lo psíquico y lo cultural, planeamos qué hacer con la naturaleza, sin dejar de verla como distante, distinta y prohibida: o aislada en un área remota e intocable, o cercana pero encerrada en una malla intransigente.

Y así perpetuamos la separación que desgarra nuestro propio ser.

Pues la naturaleza no es otra cosa que nosotros mismos: somos parte de ella, sin importar cuántas barreras levantemos;

Desde la Ilustración tenemos un modo muy particular de ver lo natural como separado y opuesto de lo humano: natural / social, natural / artificial, natural / postizo, natural / civilizado, etc.

En esta Gran División, como la llamó Latour (1991), hasta los pueblos aborígenes fueron empacados y etiquetados en lo natural, lo salvaje, lo primitivo.

De esta manera, el Occidente se definía a sí mismo como racional y civilizado, un orden fruto de la elección consciente. Y para ello necesitaba la naturaleza y al bárbaro; para señalar en el otro, sus antípodas.

Pero este mito de la modernidad no domina la humanidad.

Coexiste, a pesar de la globalización, con muchos otros.

Diagrama mitos e imaginarios


Ni siquiera en las sociedades centrales del Occidente desarrollado, este mito obra único ni en el vacío, pues se superpone a otros muchos en la cultura y en el inconsciente colectivo, en capa sobre capa de contradicciones, reinterpretaciones y nuevas hipótesis.

Ha de ser así, pues los mitos dan forma y vida a los arquetipos fundamentales de la psique humana.

Sin importar cuán racionales nos creamos, nuestros mesías deben nacer de la pureza virginal, el mundo debe destruirse para renacer purificado, el héroe debe morir para renacer transustanciado y cada salvador fue un niño salvado en una cesta de las aguas.

Del mito fáustico del nigromante dominador de la naturaleza y la ciencia liberadora de tesoros y panaceas, hemos pasado, en la posmodernidad, al desencanto, la desconfianza y el pesimismo.

Anhelamos un apocalipsis, un holocausto purificador, la destrucción de todo lo que no entendemos y no controlamos.

Ponemos nuestros ojos en la naturaleza, con la esperanza de un retorno imposible.

Y así retoman fuerza los mitos edénicos mezclados con los apocalípticos, los ecofeminismos, y las relecturas de Isis y Pachamama.

En los últimos años, me he dedicado a estudiar los orígenes de las distintas formas que la representación y el discurso de la naturaleza ha adoptado en la historia de Occidente y Hispanoamérica, en particular en los debates de ciudad y naturaleza.

El siguiente diagrama resume el panorama que he encontrado.

Sobre la estrella de Ishtar, diosa sumeria del amor erótico, la guerra y la naturaleza, he reunido ocho mitos básicos de naturaleza (mitologemas).

Cada una de estas narrativas implica una metáfora de naturaleza que le atribuye un valor simbólico y define un término clave de la relación sociedad - naturaleza.

[...]

En últimas, siempre que hablamos de la naturaleza, estamos hablando de nosotros mismos; de la relación con un mundo que es en parte producto de nuestras decisiones y en parte un caos que siempre se nos escapa...

Para poder ver críticamente el lugar de la naturaleza en nuestra vida y nuestro lugar en la naturaleza, necesitamos entender de dónde surgen nuestros imaginarios, reconocer los saberes diversos, relativizar los discursos, liberar nuestra creatividad y encontrar alternativas mejores.

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