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Entrada 9 - Volumen 11
Yolanda Plazas
Mi nombre es Yolanda Plazas Agredo. Nací en Leticia, Amazonas. A los 12 años me trasladé con mis padres al Caquetá y, a los 16, llegué a Villavicencio, ciudad donde construí mi vida personal y laboral.
Trabajé en la cadena radial Súper entre 1982 y 2007; durante mis últimos diez años fui gerente regional de sus cuatro emisoras en Villavicencio: Ondas del Meta, La Voz del Llano, Calor Estéreo y La Superestación 98.3.
Conocí la radio comunitaria en 2012. Hasta entonces, mi experiencia había estado centrada exclusivamente en la radio comercial. Al acercarme a estos medios y comprender su función social, me enamoré de su ejercicio comunicativo sencillo y profundamente territorial.
Asumí la administración de una emisora comunitaria en Guamal, Meta, que enfrentaba graves problemas técnicos, administrativos y económicos, mientras asesoraba la emisora Lux Dei 1260 AM de la Arquidiócesis de Villavicencio.

Ese proceso me permitió conocer cuántas emisoras comunitarias existían en el departamento y evidenciar que muchas de ellas no se conocían entre sí. De ahí surgió la idea de crear la Red de Emisoras Comunitarias del Departamento del Meta, con el acompañamiento de las redes de Casanare y Boyacá. En 2015 nos constituimos jurídicamente como la Corporación Red Llanera de Emisoras Comunitarias.
Ese mismo año, los presidentes de las redes del país fuimos convocados en Barranquilla para conformar la Federación de Medios Comunitarios de Colombia (Fedemedios), una organización de tercer nivel que permitió articularnos, conocernos y compartir problemáticas jurídicas y económicas comunes. Posteriormente, en Bogotá, se formalizó la Federación y fui elegida como su primera presidenta, cargo que asumí hasta 2022, cuando por razones de salud debí retirarme.
Esta labor, realizada sin compensación económica y por compromiso social, me dejó grandes aprendizajes y satisfacciones. Trabajé junto a un equipo de personas que conocen profundamente la historia y las luchas de la radio comunitaria en Colombia. Yo llegué desde la radio comercial, pero puse mis conocimientos al servicio de estos medios que, desde su nacimiento, han enfrentado múltiples restricciones legales y económicas.
Una emisora comunitaria necesita ingresos mínimos para sostener un equipo básico, pagar servicios, arriendos, derechos de autor, uso del espectro e internet, todos bajo tarifas comerciales, pese a ser organizaciones sin ánimo de lucro. Esta carga ha provocado el cierre de más de 300 emisoras en el país.
Aun así, seguimos firmes en nuestro propósito: ser la voz de los territorios. Porque una comunidad que no puede expresarse acumula presión y conflicto. Estos pequeños medios cumplen una función vital: permitir que las personas se expresen con libertad, respeto y verdad, haciendo grande el trabajo comunicativo en los territorios.
1. Desde tu experiencia como presidenta de la Red de Emisoras Comunitarias del Meta, ¿cuál crees que debe ser el papel de estas cajas de resonancia popular frente a un futuro donde la información esté manipulada por inteligencias artificiales controladas por autocracias?
El papel que cumplen o han cumplido las emisoras comunitarias debe ser igual. Seguir con la misma misión: informar con la verdad y desde la verdad. Y esperar a ver qué va a pasar con el tema de la inteligencia artificial y, a medida que vayan apareciendo retos a los cuales se enfrenten nuestras comunidades, pues informar. Informar como siempre lo hemos hecho.
Mire, algo muy importante que deben entender qué hace la radio comunitaria es que producimos información pensando en que estas comunidades son nuestra familia, en que cualquier información que les entreguemos tiene que ser para su beneficio. Nunca una radio comunitaria debe tener un fin comercial, sino un fin social. Desde ese punto de vista, toda información que se transmita debe buscar el beneficio de quienes nos escuchan y de quienes habitan este territorio.
2. ¿Cómo pueden las comunidades rurales y marginadas prepararse —desde la comunicación— para resistir narrativas falsas, vigilancia masiva y algoritmos que desinforman o moldean la percepción colectiva?
Como radio comunitaria de Colombia, es una tarea que adelantamos a diario. Sabemos el riesgo que enfrentan, principalmente las personas del campo, las personas de las veredas, de esas comunidades que todavía son tan inocentes y que creen en esa información que reciben.
Hoy en día es más la información falsa que circula a través de esos mensajes que llegan de manera automática, sin pedir permiso, a sus teléfonos, donde crean una zozobra, un miedo, una desconfianza y un odio. Eso es un daño que se le hace al país.
La tarea nuestra es precisamente esa: contarle, decirle, advertir a nuestras audiencias sobre este tipo de información que circula y que tengan más cuidado al recibirla; que intenten, al menos, verificar la fuente y saber si esa información es falsa o no.

3. ¿Qué herramientas éticas y prácticas debe desarrollar el periodismo local para hacerle frente a un ecosistema dominado por lo digital y, a su vez, por intereses hegemónicos, mafias o poderes empresariales oscuros?
Lo primero que habría que decir es que la radio comunitaria en Colombia es administrada por organizaciones sociales: organizaciones de víctimas, de mujeres, de campesinos, de jóvenes, asojuntas, juntas de acción comunal, la Iglesia Católica. Son parte de esas organizaciones que hoy administran más de ochocientas frecuencias de radio comunitaria en el país.
La información que manejamos es muy local. Siempre estamos con la fuente: con el presidente de la junta, con la persona, con el alcalde; en fin, con quienes administran un municipio pequeño.
En municipios grandes, el mayor riesgo es la información que circula por redes sociales y que tomamos para presentar noticias nacionales. Ahí debemos tener muy en cuenta la fuente de la información, verificar si viene manipulada o incompleta y si realmente está lista para ser entregada a nuestra audiencia.
4. ¿Consideras que los medios comunitarios tienen hoy la fuerza suficiente para contrarrestar la posible colonización digital de la conciencia social? ¿Qué alianzas deberían construirse desde ya?
Yo considero que la fuerza más grande que tiene la radio comunitaria de Colombia es la credibilidad que tienen las audiencias en la información que transmitimos. Somos un medio de altísima credibilidad. Eso fue demostrado en un estudio realizado hace aproximadamente siete u ocho años, donde ocupamos el primer lugar como uno de los medios más confiables.
Por eso, el tema de la colonización digital no nos preocupa. Sabemos que cualquier cosa la podemos contrarrestar con nuestros medios de comunicación, haciendo campañas pedagógicas para que las personas aprendan a filtrar la información que reciben.
5. Como líder de una red de emisoras, ¿qué mensaje darías a otras comunicadoras y periodistas frente a la amenaza de una era donde la verdad puede ser fabricada por máquinas al servicio del poder?
Lo primero es no tener miedo. Las eras llegan y pasan, y a nosotros nos tocó vivir la era de las comunicaciones. Todo ha cambiado: comunicarnos, relacionarnos, informarnos en tiempo real.
No hay que verlo como una amenaza, sino como un reto. Cuando lo vemos como un reto, buscamos las herramientas y el camino para superarlo.
También es importante capacitarnos. Conocer las herramientas de inteligencia artificial, porque muchas son buenas: para la salud, para el medio ambiente, para múltiples áreas. Como todo, hay quienes las usan para hacer daño.
Un cuchillo sirve para cortar alimentos, pero en manos equivocadas puede quitar una vida. Ese es el reto que vivimos hoy con la inteligencia artificial. Para mí, lo más importante es no tener miedo, mantener a nuestras audiencias bien informadas y que, como siempre, la verdad sea la que prevalezca.
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