
Puntos
Acumulados:
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Contamos Historias. Ilustramos Ideas. Comunicamos con Sentido Socioambiental

Nos preguntan seguido si somos un Medio de Comunicación, una Revista o un Colectivo Creativo.
La verdad: somos un poco de todo eso.
Lo que hacemos gira en torno a comunicar desde el Pensamiento Crítico, la Estética Comprometida y la Acción Colectiva.
Y sí, tenemos una amplia gama de SERVICIOS.
Somos un espacio donde las Voces Críticas, Progresistas y Disidentes encuentran lugar para dialogar.
No damos micrófono al azar: abrimos conversación desde lo editorial, con intención y coherencia.
Cada dos meses publicamos un volumen con contenido curado y estructurado en dos partes:
🎭 Una Sección Visual y Narrativa, protagonizada
por El Flautista.
📝 Y una Sección con Textos, Imágenes e Ideas de talentos invitados y líderes de opinión de diversos campos: Academia, Ciencias, Política, Ambiente, Arte y Cultura, entre otros.
Cada dos meses publicamos un volumen con contenido curado y estructurado en dos partes:
🎭 Una Sección Visual y Narrativa, protagonizada por El Flautista.
📝 Y una Sección con Textos, Imágenes e Ideas de talentos invitados y líderes de opinión de diversos campos: Academia, Ciencias, Política, Ambiente, Arte y Cultura, entre otros.
Creamos trazos con posición.
Desde portadas hasta conceptos visuales que acompañan Ideas Profundas o causas que necesitan imagen con peso. El estilo es propio. La intención también.
Estamos cocinando una tienda con artículos low cost como stickers, avatares de talentos invitados, camisetas, gorras y piezas gráficas del universo Libresta.
Algo que puedas leer, vestir o enmarcar. Y si llega con stickers, mejor. Además, cada compra suma puntos en tu modalidad de suscripción, lo que te permitirá subir en el ranking y acercarte a premios y donaciones en dinero.
En su séptimo volumen, Libresta El Flautista se sumerge en los mares olvidados por la política y la economía para visibilizar lo que realmente importa: la vida que se extingue bajo la superficie. Una edición que denuncia la sobreexplotación marina desde lo humano, lo sensible y lo justo.💙
En su noveno volumen, Libresta El Flautista cuestiona las celebraciones vacías y la fe light que nos venden como consuelo. ¿De qué sirve festejar si olvidamos lo esencial? Una edición que invita a equilibrar emoción y conciencia, derechos y deberes, alegría y responsabilidad colectiva.
🎭 Porque la verdadera fiesta empieza cuando despiertas.
En su décimo volumen, Libresta El Flautista reivindica el valor del manga, el anime y los cómics como motores de ética colectiva. Mientras otras industrias propagan odio sin pudor, estas narrativas cultivan valores como el honor, la empatía y la justicia.
📖 Porque contar historias también es una forma de resistir.

"De Mares, Tesosros & Turbulencias"
Volumen 7


"De Festejos Sociales & Fe"
Volumen 9


"Homenaje al Universo Manga"
Volumen 10

Por eso estas Palabras importan: vienen de personas que eligieron leer con intención,
ser parte y apoyar algo que va más allá del contenido.
Historias reales. Opiniones honestas. Razones que inspiran.
En su séptimo volumen, Libresta El Flautista se sumerge en los mares olvidados por la política y la economía para visibilizar lo que realmente importa: la vida que se extingue bajo la superficie. Una edición que denuncia la sobreexplotación marina desde lo humano, lo sensible y lo justo.💙

"De Mares, Tesosros & Turbulencias"
Volumen 7

En su noveno volumen, Libresta El Flautista cuestiona las celebraciones vacías y la fe light que nos venden como consuelo. ¿De qué sirve festejar si olvidamos lo esencial? Una edición que invita a equilibrar emoción y conciencia, derechos y deberes, alegría y responsabilidad colectiva.
🎭 Porque la verdadera fiesta empieza cuando despiertas.

"De Festejos Sociales & Fe"
Volumen 9

En su décimo volumen, Libresta El Flautista reivindica el valor del manga, el anime y los cómics como motores de ética colectiva. Mientras otras industrias propagan odio sin pudor, estas narrativas cultivan valores como el honor, la empatía y la justicia.
📖 Porque contar historias también es una forma de resistir.

"Homenaje al Universo Manga"
Volumen 10

Por eso estas Palabras importan: vienen de personas que eligieron leer con intención,
ser parte y apoyar algo que va más allá del contenido.
Historias reales. Opiniones honestas. Razones que inspiran.

Entrada 6 - Volumen 11
Carol Ann Figueroa
Hablar de mí misma siempre me ha resultado difícil, pero aquí voy. Soy Carol Ann Figueroa: guionista, periodista y escritora. Más que los oficios, soy una mujer con una profunda necesidad de expresar su mirada sobre la realidad, movilizar ideas y emociones, y reconfigurar la forma en que entendemos el mundo. Eso es lo que soy; lo demás son herramientas para materializarlo.
Creo que uno de mis principales talentos es ver más allá de lo evidente. Tengo la capacidad de simplificar narrativas complejas, absorber mucha información y transformarla en historias digeribles, emocionantes e interesantes. Crear relatos me resulta natural.
Compagino estos talentos explorando todos los formatos posibles: escribo guion documental, largo y corto; hago contenidos para mi canal de YouTube; edito y disfruto profundamente la edición. He escrito una novela y un libro de crónicas, y no me preocupa la extensión o el género, sino encontrar la forma adecuada para cada historia.
Si algo pide ficción, hago ficción; si pide documental o crónica, lo hago así. Me siento como una antena que recibe información, la transforma y la comunica con las herramientas que tenga a la mano. Incluso me gustaría hacer stand up en el futuro, un formato que aún no he explorado.
Mi formación es diversa: estudié Comunicación Social y Periodismo, cine en Cuba y una maestría en Escrituras Creativas en la Universidad Nacional. Esa mezcla entre lo periodístico, lo cinematográfico y lo literario alimenta mi forma de crear. Hoy tengo una deuda con la escritura de otro libro, pero mi foco está en el canal de YouTube.

He recibido varios reconocimientos. Gané el Premio Simón Bolívar por la crónica Una cretina llamada Elisa, sobre un falso diagnóstico de VIH que me llevó a investigar las disidencias médicas en torno al tema. También obtuve un premio de periodismo digital KienyKe por La Píldora, un proyecto que combina información, sátira y emoción.
Gané dos premios India Catalina: uno como guionista y coproductora del documental 16 Memorias y otro por los libretos de la serie Frente al espejo, realizada para Canal Capital sobre el trabajo de la Comisión de la Verdad, un proyecto del que me siento especialmente orgullosa.
No soy una persona de ídolos. Admiré profundamente a Germán Castro Caycedo y tuve la oportunidad de entrevistarlo; su trabajo marcó el periodismo colombiano. Conocí al Dalai Lama en Colombia, una experiencia emocionalmente muy intensa. También conocí fugazmente a Jesús Abad Colorado, a quien admiro profundamente; mi reacción fue completamente espontánea y emotiva.
En general, admiro los trabajos más que a las personas. Incluso conocí a Gabriel García Márquez en la Escuela de Cine de San Antonio, donde fue profesor, pero lo viví como eso: un maestro más, no un ídolo.
En cuanto a escenarios o plataformas memorables, no suelo pensar en términos competitivos. El Premio Simón Bolívar fue uno de ellos, aunque nunca imaginé postularme ni ganar; el síndrome del impostor sigue siendo una lucha constante.
En términos de plataformas, llevo cuatro años en el ranking de Cifras y Conceptos como una de las líderes nativas digitales más consultadas por líderes de opinión, lo cual me honra profundamente, pues La Píldora ha sido un trabajo hecho con mucho esfuerzo personal.
Hoy, La Píldora es mi principal proyecto. No la concibo como una marca, sino como un ejercicio vivo. En agosto lancé una Vaki para financiar un cubrimiento electoral distinto y logramos reunir recursos gracias al apoyo de más de 500 personas.
Con eso armé un pequeño equipo para producir una serie de guiones que analizan los clanes políticos del Senado y los exponen de cara a las elecciones del 8 de marzo. Esta es la primera etapa; luego buscaremos financiación para cubrir la primera vuelta presidencial. Actualmente estamos escribiendo, grabando y editando siete episodios de entre 25 y 30 minutos, con el objetivo de que la gente esté realmente informada y no vuelva a ser engañada.
1. En un mundo donde la inteligencia artificial domina la producción de contenidos y narrativas oficiales, ¿cómo crees que los periodistas independientes y los creadores de opinión como tú pueden preservar la voz crítica y la diversidad de pensamiento?
Hmmm… El problema —que también es la solución— tiene que ver con la motivación y el compromiso. Creo que la forma de preservar la voz crítica y la diversidad de pensamiento es asumir, conscientemente, la decisión de cuidarlas. Esa decisión implica sacrificios, como también los implica la independencia.
La Píldora es un medio profundamente independiente y yo también lo soy. Esa independencia es una decisión cotidiana, porque a medida que un proyecto crece —en mi caso, este año llegamos a los 100.000 suscriptores— empiezan a aparecer ofertas de dinero a cambio de la comunidad. Eso es, en el fondo, lo que se negocia.
Y en ese intercambio se pierde independencia y se debilita la voz crítica. Decir que no a esas ofertas exige hacer malabares para mantener el proyecto a flote. En mi caso, una de esas estrategias fue la Vaki: permitir que sea la comunidad la que financie y sostenga la voz crítica que conoce y valora.En cuanto a la inteligencia artificial, creo que es necesario aprender a usarla. Tiene connotaciones claras de herramienta y puede agilizar muchos procesos. Yo ya la utilizo para optimizar tareas, pero siempre hago un ejercicio consciente sobre hasta dónde me entrego a la facilidad que ofrece y hasta dónde solo tomo de ella algunos recursos.
Usar inteligencia artificial en el periodismo exige corroborar todo lo que se obtenga y no caer en el facilismo. La mayor seducción, especialmente en los contenidos alternativos, es la presión de competir con el algoritmo y el vértigo de las redes: la necesidad de producir y aparecer constantemente.
La inteligencia artificial facilita esa sobreproducción, pero obliga a hacerse preguntas incómodas: ¿quiero monetizar más?, ¿quiero aparecer más?, ¿quiero saturar a la gente de contenidos?, ¿o quiero ofrecer algo curado, pensado y con sentido?Entregarse por completo a la inteligencia artificial es, como he dicho antes, crear sin alma. Es como tener sexo sin orgasmo. No tiene sentido. Hay que distinguir con claridad si se está creando, reproduciendo o simplemente replicando. Cuando la inteligencia artificial deja de ser una herramienta y empieza a suplantar la creatividad, el resultado es el marchitamiento.
Es como llenar los espacios de plantas de plástico: se ven bien, pero no cumplen ninguna función vital. No intercambian oxígeno, no tienen relación con la tierra, los insectos, los animales o el sol. Son solo plástico. Y eso, al final, es lo que ocurre cuando se crea sin vida.
2. Si las autocracias del futuro utilizan IA para reescribir la historia, borrar identidades y manipular recuerdos colectivos, ¿crees que la memoria histórica y la cultura alternativa serán suficientes para resistir? ¿Cómo podemos prevenir dicho escenario?
La historia ya se está reescribiendo, aunque en realidad siempre ha sido así. No es un fenómeno exclusivo de la inteligencia artificial. La IA hace hoy lo que durante siglos han hecho los gobiernos y los medios hegemónicos: reescribir la historia, borrar identidades y manipular la memoria colectiva. Eso no es una novedad. Por eso, las formas de resistencia también las conocemos desde hace tiempo.
Puede sonar arcaico, pero la respuesta sigue siendo la misma de siempre y no va a desaparecer: la cultura comunitaria, la experiencia colectiva y la tradición oral. El verdadero reto es que lo colectivo hoy está más fragmentado que antes, no tanto por la inteligencia artificial, sino por el dispositivo, por las pantallas que llevamos pegadas a la mano, al cerebro y al tiempo.
Pasamos horas en el desplazamiento infinito de una plataforma y, en ese proceso, nos desconectamos de la experiencia compartida. Y es en esa experiencia colectiva donde la historia se mantiene viva.Si pensamos en los pueblos indígenas, ellos han resistido desde la Conquista, preservando su memoria durante más de 500 años. Han logrado que personas ajenas a sus comunidades escuchen y ayuden a mantener viva su historia. Esa resistencia no va a desaparecer, pero hoy está amenazada por el individualismo.
El problema no es tanto la inteligencia artificial como la pérdida de la noción de lo real y del presente inmediato, causada por nuestra dependencia de los celulares. ¿Cómo sobrevivir a esto? Volviendo a la flecha. Suena absurdo, pero creo que, en la medida de lo posible, hay que volver a ella.

3. ¿Qué riesgos visuales y simbólicos ves en la publicidad, propaganda o contenido audiovisual generado por IA en manos de poderes corruptos? ¿Cómo podría un canal tipo ‘La Píldora’ (pero aún pequeño) contrarrestar esa manipulación estética, si el algoritmo está en su contra?
Las audiencias ya juegan un papel en este proceso. El problema es que, en muchos casos, no son conscientes del papel que desempeñan. Se mueven por el algoritmo, el clic y la emoción fácil, pero aun así están construyendo una verdad colectiva. El riesgo es que esa verdad, hoy, resulta caótica y peligrosa.
Imagino un futuro con audiencias más conscientes, que se pregunten: ¿qué estoy consumiendo?, ¿por qué lo consumo?, ¿qué me produce?, ¿a quién beneficio cuando lo hago? Si esas preguntas estuvieran presentes, el panorama cambiaría drásticamente, porque habría menos espacio para la manipulación.
Imagino también un futuro en el que los medios independientes y los creadores de opinión no dictemos verdades, sino que pongamos los temas sobre la mesa para ser discutidos con argumentos, respeto y apertura a la diferencia. Eso solo es posible con educación.
La alfabetización mediática y digital es hoy fundamental: si no enseñamos a las audiencias cómo funcionan las plataformas y cómo se construyen los mensajes, seguiremos inmersos en el caos.El papel de las audiencias debe ser activo y crítico, pero sobre todo responsable frente a lo que comparten y validan con su atención. La atención es el capital más valioso de nuestro tiempo: donde la ponemos, ponemos también nuestro poder.
Si la dirigimos hacia la basura, la verdad colectiva será basura. Si la dirigimos hacia contenidos que nos construyan, nos cuestionen y nos hagan mejores, la verdad colectiva será mucho más rica y productiva para todos.
4. Si tuvieras que crear hoy una ‘antipropaganda’, una narrativa visual o auditiva contra ese futuro cyberpunk autoritario, ¿cómo lo harías? ¿Qué medios usarías y qué mensaje sería clave?
Es una pregunta difícil porque, por un lado, La Píldora es en sí misma una narrativa antipropaganda. No se ha planteado como una lucha directa contra la inteligencia artificial porque, para mí, forma parte del mismo problema. La aparición de una nueva tecnología no cambia lo esencial: lo que importa es la manipulación.
Quizás haría contenidos relacionados con las ventajas de volver a la flecha. Para mí, la clave está en soltar el celular y salir de las redes. Cada vez busco más que alguien administre mis cuentas para no entrar ni a Instagram ni a TikTok. X es casi una obligación para mantener presencia, pero pensaría más bien en una campaña con recomendaciones prácticas para el uso consciente de las redes.
Desinstalar las aplicaciones, no tenerlas en el teléfono, usarlas sin filtros. Yo intento hacerlo así y, cuando uso filtros, me burlo de ellos. Siempre que hablo, procuro evidenciar la manipulación que yo misma hago. Esa es la clave: mostrar las costuras.
Crear contenido donde las costuras sean visibles. Es curioso, porque como guionista mi trabajo suele ser que no se vean, pero quizá la apuesta ahora sea justo lo contrario: hacer evidente la construcción de la narración y del dispositivo.
Aunque, pensándolo bien, esto ya está ocurriendo. Hay muchos contenidos —especialmente de mujeres— que muestran cómo los filtros alteran el rostro, el cuerpo y la voz, y cómo se fabrica una imagen que no corresponde a la persona real.No lo sé. Siento que estoy en un momento crítico, tratando de entender cómo enfrentar todo esto. Por ahora, mi apuesta ha sido cambiar la forma de producir contenido y alejarme, cada vez más, del celular y de las redes.
5. Para ti: ¿cuál es la línea roja ética que ningún medio o creador de contenido debería cruzar, incluso si la tecnología lo hace posible? ¿Qué valor humano siempre debe preservarse, aunque la IA mejore la eficiencia o el alcance?
La línea roja ética que ningún medio ni creador debería cruzar es independiente de que la tecnología lo haga posible. La ética no tiene que ver con las herramientas disponibles, sino con una decisión personal e interior.
Para mí, aunque suene poco llamativo por lo básica que es, la línea roja ética en la creación de contenidos es la mentira.La mentira puede tomar muchas formas: lo que se dice, la voz que se asume, inflar cifras, hacer crecer artificialmente una marca, fingir que todo está bien. En gran parte, el debate alrededor de la inteligencia artificial se fundamenta justamente en eso.
Puede utilizarse para facilitar procesos, pero no para falsear el resultado final. Hay una diferencia clara entre apoyar un proceso y presentar un resultado como si no hubiera mediación tecnológica.Si se usa inteligencia artificial, debe decirse. Hay que reconocer cuándo se utilizaron fuentes generadas por IA o cuándo se procesaron datos con su ayuda. La trampa está en atribuirle a la inteligencia artificial una autoría que no tiene.
Es una herramienta, un mecanismo creado y operado por personas. Nadie dice “el carro me llevó”, sino “yo conduje el carro”. Con la inteligencia artificial ocurre lo mismo.Por eso, para cerrar esta idea, la mentira es la línea roja ética fundamental.
En cuanto al valor humano que siempre debe preservarse, incluso si la inteligencia artificial mejora la eficiencia o el alcance, es la verdad. Una verdad que no es única ni absoluta, que tiene múltiples caras y fuentes, pero a la que hay que intentar mantenerse fiel. Todo parte de ahí.Pensándolo mejor, hay otra línea roja ética que considero especialmente grave para quienes crean contenido: vender a la comunidad. La comunidad existe porque cree en lo que uno dice. Negociar esa credibilidad sin que la gente lo sepa es cruzar un límite ético muy claro.
Muchas veces esa tentación aparece bajo la promesa de mayor alcance o más ingresos. Mostrarle a la comunidad algo con lo que uno no está de acuerdo —y que sabe que la comunidad tampoco estaría—, solo porque puede maquillarse para que no parezca problemático, es una forma de traición.
Esa es una línea roja ética que, al menos en mi caso, siempre me he negado a cruzar.
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